miércoles, 27 de abril de 2011

REALIDADES DE LA SOCIEDAD ACTUAL

Históricamente América, en particular los países latinoamericanos, ha sido objeto de un proceso de culturalización por gobiernos de Europa. La diversidad de lenguajes, los rituales, las actividades laborales, la alimentación y otros elementos que daban identidad a las culturas sudamericanas han sido alterados por características pertenecientes a economías poderosas pues son ellas quienes han logrado penetrar en el resto del mundo.
Con tal antecedente es como hoy en día se vive una búsqueda de identidad cultural. Las características culturales de las sociedades que existieron son ahora un híbrido de lo nacional y lo extranjero. Los medios masivos de comunicación han actuado ante nuestra vulnerabilidad y han penetrado en nuestros deseos y necesidades, de manera que lo que ahora aspiramos es creado en una fábrica, es producto del distractor televisivo, y es construido por personas con un fin determinado: que los ciudadanos realicemos conductas de consumo.
Una bolsa que promete provocar la atención para quien la porta, un lenguaje moderno que identifique a los jóvenes y los haga parecer de niveles económicos altos, una imagen generalizada del extranjero, por ejemplo, que lo describa como holgazán, violento y narcotraficante, o bien un candidato político que tenga como propuesta “modernizar” la ciudad adoptando modelos que han servido en otros países de Europa; son en conjunto elementos que los medios de comunicación, a través de la publicidad, la televisión, el cine y la política, han difundido haciendo eco en los ciudadanos de países como el nuestro.
En ese sentido, considero que en la actualidad existe una crisis de identidad donde la aspiración máxima es pertenecer a grupos altos de la sociedad siguiendo conductas no propias, dividiendo severamente lo nacional y lo internacional para después olvidar o alterar lo que nos pertenece. Inconscientemente nuestros deseos buscan una homogeneidad, un actuar idéntico al de los “desarrollados”, los propios anhelos no buscan la individualidad, sino todos se enfocan a formar parte del mismo grupo para conseguir bienestar.
Con tal panorama dudo mucho que se logren salvar elementos de la cultura vernácula; con el desarrollo de la comunicación, con la tecnología cada vez más avanzada, quizás nuestro destino sea vivir permanentemente en una cultura mediatizada, lo cual no es necesariamente negativo pues se trata entonces del mismo desarrollo como humanidad que hemos venido construyendo, se vuelve sólo un matiz en el modo de operar de las sociedades. Lo que en estos tiempos nos corresponde será, pues, el mantener una búsqueda interna de lo que realmente nos satisfaga y enriquezca nuestro espíritu.