martes, 31 de mayo de 2011

La importancia del Cine en la vida social

Si se parte de la idea de que el cine es comunicación y a la vez es un producto cultural podemos decir, pues, que la producción cinematográfica goza de un mayor valor que el simple hecho de entretener al espectador, ser una herramienta evasiva, sino que presume de ser un material creativo y artístico que refleja rasgos de una identidad y una serie de características propias del actuar en sociedad.
Cierto es que el cine puede tener varias ópticas: por un lado se trata de una industria que cuenta con un presupuesto y todo un plan de mercado ya estructurado, y por el otro es también un mensaje, un discurso, es en un plano más expresivo, el retrato de un momento, es la captura de un pequeño trozo del mundo dotado de una serie de elementos culturales (un idioma, símbolos, rituales, maneras de actuar, hábitos, formas de vestir y hasta formas generalizadas de enfrentar problemas).
Hace poco escuché en televisión que el escritor Álvaro Enrigue (Guadalajara, 1969) afirmaba que ya todo estaba dicho en el cine, que siempre contaba la misma historia, sólo cambiaban las circunstancias, sin embargo opino yo lo contrario; cada film es un nuevo relato, cada película una nueva visión, una nueva lectura del mundo, cada proyecto cinematográfico aborda un problema particular que pretende ser generalizado, por ello cada uno merece ser visto.
Es justo ahí donde radica su importancia como producto cultural y de comunicación: plantear a la sociedad, al espectador que en un principio es pasivo, un problema, una situación, un retrato marginado de la realidad para luego llevarlo a planos generales, acercarlo al público y proponer nuevos caminos de solución, nuevas posibilidades de amor, nuevas formas de dolor, de éxito, consiguiendo así una visión más universalizada y penetrante.
El cine es un espectáculo de masas, sí, busca que la gente lo vea, se acerque a él; el cine puede ser pretencioso, puede ser evasivo, puede ser también realista y hasta fatalista, sin embargo siempre encapsulará un determinado tiempo y espacio, será el reflejo o el ente creador de identidades culturales, será un puente de comunicación entre naciones y sobre todo, el cine que sea ambicioso, buscará provocar de forma individual ejercicios de reflexión para cada uno de nosotros.

miércoles, 25 de mayo de 2011

La Buena Comunicación

La comunicación es afecto, no sólo es introducción de información, no solamente es acción e interacción. La comunicación humana es emoción, Cualquier modulación, tonalidad, cadencia, vehemencia, gestualidad con que se reviste un discurso está mediatizada en parte por los sentimientos. Sus primeros estudios desarrollan una serie de axiomas exploratorios de la comunicación humana:
El primero de ellos establece que es imposible no comunicarse. Si todo comportamiento es comunicación, en un proceso de interacción, las actitudes, las formas y los estilos del emisor pautan indefectiblemente la respuesta del receptor, y viceversa.
Por otro lado, la comunicación no sólo transmite un contenido determinado, sino que la forma en que se expresa, delimita o define el tipo de relación. Por lo tanto, la comunicación tiene un aspecto de contenido y otro de relación. El primer aspecto transmite datos, es decir, la información que se trata de enviar, mientras que el segundo explica cómo debe entenderse dicha comunicación. En ese sentido, el aspecto relacional es, en sí mismo, comunicación.
En la interacción, los mensajes pueden ser transmitidos a través de dos modalidades comunicativas: lenguaje verbal y analógico. Una persona puede transmitir algo a través de la palabra en forma directa. Ésta es la forma verbal. La segunda posibilidad –el lenguaje analógico o paraverbal- es la forma de expresarse a través de algún movimiento, posturas corporales, tonos de voz, ritmos, cadencias, etc.
El lenguaje verbal transmite noticias, información, permite intercambiar comentarios sobre objetos y transmitir conocimiento de una época a otra. Es arbitrario, admite mentiras y tiene un alto grado de complejidad y abstracción. Por medio del lenguaje verbal imponemos nuestros significados, construyendo realidades que nos permiten efectuar distinciones, llevándonos a puntuar la interacción. Según la puntuación que se realice, se crearán realidades diferentes.
Por otro lado, el lenguaje paraverbal es más difícil de controlar, surge con tal espontaneidad que no deja lugar a la mentira, pues escapa a la voluntad consciente del individuo, no sólo esta conformada por movimientos visibles, sino también por micromovimientos casi imperceptibles para la conciencia. La posibilidad de codificarlo permite ingresar en la lógica relacional del interlocutor: entender las reglas de funcionamiento de su sistema, sus pautas, funciones, creencias, valores y objetivos.
Dado que los seres humanos nos comunicamos siempre, usamos nuestro lenguaje verbal relajado y realizamos gestos arbitraria e inconscientemente, estos dos lenguajes, el verbal y el paravrebal, desempeñan un papel central en la comunicación donde, situados en el epicentro de la comunicación, ambos se necesitan mutuamente.