miércoles, 25 de mayo de 2011

La Buena Comunicación

La comunicación es afecto, no sólo es introducción de información, no solamente es acción e interacción. La comunicación humana es emoción, Cualquier modulación, tonalidad, cadencia, vehemencia, gestualidad con que se reviste un discurso está mediatizada en parte por los sentimientos. Sus primeros estudios desarrollan una serie de axiomas exploratorios de la comunicación humana:
El primero de ellos establece que es imposible no comunicarse. Si todo comportamiento es comunicación, en un proceso de interacción, las actitudes, las formas y los estilos del emisor pautan indefectiblemente la respuesta del receptor, y viceversa.
Por otro lado, la comunicación no sólo transmite un contenido determinado, sino que la forma en que se expresa, delimita o define el tipo de relación. Por lo tanto, la comunicación tiene un aspecto de contenido y otro de relación. El primer aspecto transmite datos, es decir, la información que se trata de enviar, mientras que el segundo explica cómo debe entenderse dicha comunicación. En ese sentido, el aspecto relacional es, en sí mismo, comunicación.
En la interacción, los mensajes pueden ser transmitidos a través de dos modalidades comunicativas: lenguaje verbal y analógico. Una persona puede transmitir algo a través de la palabra en forma directa. Ésta es la forma verbal. La segunda posibilidad –el lenguaje analógico o paraverbal- es la forma de expresarse a través de algún movimiento, posturas corporales, tonos de voz, ritmos, cadencias, etc.
El lenguaje verbal transmite noticias, información, permite intercambiar comentarios sobre objetos y transmitir conocimiento de una época a otra. Es arbitrario, admite mentiras y tiene un alto grado de complejidad y abstracción. Por medio del lenguaje verbal imponemos nuestros significados, construyendo realidades que nos permiten efectuar distinciones, llevándonos a puntuar la interacción. Según la puntuación que se realice, se crearán realidades diferentes.
Por otro lado, el lenguaje paraverbal es más difícil de controlar, surge con tal espontaneidad que no deja lugar a la mentira, pues escapa a la voluntad consciente del individuo, no sólo esta conformada por movimientos visibles, sino también por micromovimientos casi imperceptibles para la conciencia. La posibilidad de codificarlo permite ingresar en la lógica relacional del interlocutor: entender las reglas de funcionamiento de su sistema, sus pautas, funciones, creencias, valores y objetivos.
Dado que los seres humanos nos comunicamos siempre, usamos nuestro lenguaje verbal relajado y realizamos gestos arbitraria e inconscientemente, estos dos lenguajes, el verbal y el paravrebal, desempeñan un papel central en la comunicación donde, situados en el epicentro de la comunicación, ambos se necesitan mutuamente.

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