Si se parte de la idea de que el cine es comunicación y a la vez es un producto cultural podemos decir, pues, que la producción cinematográfica goza de un mayor valor que el simple hecho de entretener al espectador, ser una herramienta evasiva, sino que presume de ser un material creativo y artístico que refleja rasgos de una identidad y una serie de características propias del actuar en sociedad.
Cierto es que el cine puede tener varias ópticas: por un lado se trata de una industria que cuenta con un presupuesto y todo un plan de mercado ya estructurado, y por el otro es también un mensaje, un discurso, es en un plano más expresivo, el retrato de un momento, es la captura de un pequeño trozo del mundo dotado de una serie de elementos culturales (un idioma, símbolos, rituales, maneras de actuar, hábitos, formas de vestir y hasta formas generalizadas de enfrentar problemas).
Hace poco escuché en televisión que el escritor Álvaro Enrigue (Guadalajara, 1969) afirmaba que ya todo estaba dicho en el cine, que siempre contaba la misma historia, sólo cambiaban las circunstancias, sin embargo opino yo lo contrario; cada film es un nuevo relato, cada película una nueva visión, una nueva lectura del mundo, cada proyecto cinematográfico aborda un problema particular que pretende ser generalizado, por ello cada uno merece ser visto.
Es justo ahí donde radica su importancia como producto cultural y de comunicación: plantear a la sociedad, al espectador que en un principio es pasivo, un problema, una situación, un retrato marginado de la realidad para luego llevarlo a planos generales, acercarlo al público y proponer nuevos caminos de solución, nuevas posibilidades de amor, nuevas formas de dolor, de éxito, consiguiendo así una visión más universalizada y penetrante.
El cine es un espectáculo de masas, sí, busca que la gente lo vea, se acerque a él; el cine puede ser pretencioso, puede ser evasivo, puede ser también realista y hasta fatalista, sin embargo siempre encapsulará un determinado tiempo y espacio, será el reflejo o el ente creador de identidades culturales, será un puente de comunicación entre naciones y sobre todo, el cine que sea ambicioso, buscará provocar de forma individual ejercicios de reflexión para cada uno de nosotros.
Cierto es que el cine puede tener varias ópticas: por un lado se trata de una industria que cuenta con un presupuesto y todo un plan de mercado ya estructurado, y por el otro es también un mensaje, un discurso, es en un plano más expresivo, el retrato de un momento, es la captura de un pequeño trozo del mundo dotado de una serie de elementos culturales (un idioma, símbolos, rituales, maneras de actuar, hábitos, formas de vestir y hasta formas generalizadas de enfrentar problemas).
Hace poco escuché en televisión que el escritor Álvaro Enrigue (Guadalajara, 1969) afirmaba que ya todo estaba dicho en el cine, que siempre contaba la misma historia, sólo cambiaban las circunstancias, sin embargo opino yo lo contrario; cada film es un nuevo relato, cada película una nueva visión, una nueva lectura del mundo, cada proyecto cinematográfico aborda un problema particular que pretende ser generalizado, por ello cada uno merece ser visto.
Es justo ahí donde radica su importancia como producto cultural y de comunicación: plantear a la sociedad, al espectador que en un principio es pasivo, un problema, una situación, un retrato marginado de la realidad para luego llevarlo a planos generales, acercarlo al público y proponer nuevos caminos de solución, nuevas posibilidades de amor, nuevas formas de dolor, de éxito, consiguiendo así una visión más universalizada y penetrante.
El cine es un espectáculo de masas, sí, busca que la gente lo vea, se acerque a él; el cine puede ser pretencioso, puede ser evasivo, puede ser también realista y hasta fatalista, sin embargo siempre encapsulará un determinado tiempo y espacio, será el reflejo o el ente creador de identidades culturales, será un puente de comunicación entre naciones y sobre todo, el cine que sea ambicioso, buscará provocar de forma individual ejercicios de reflexión para cada uno de nosotros.
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